Dos grandes instintos se enfrentan en una ambivalencia intensificadora: la agresividad
y el erotismo.
El instinto sexual se prolonga bajo el aspecto creador: don de producir, de
fecundar, de realizar en un arranque irresistible; el poder del ser procede
del sexo y a través de este poder sexual, encuentra Escorpio su razón
de ser.
La agresividad escorpiónica se extiende también al campo mental
e intelectual. A menudo la inteligencia es agudísima, anticonformista
y a veces revolucionaria.
Escorpio ama el riesgo y su audacia es más intensa cuanto más
difícil y peligrosa se presente la situación.
Le corresponde la octava casa del Zodíaco, que es la de la muerte, pero
también la de la capacidad de resurrección. Escorpio puede destruir
lo tradicional para revolucionarlo y construir algo completamente nuevo.
Plutón junto a Marte, regentes del signo, simbolizan no sólo
la semilla que fecunda, sino también la fuerza inconscientes que busca
la expresión creativa y original.
Quien está fuertemente marcado por Escorpio es, a menudo, un inconformista,
con una inteligencia abierta a todas las propuestas, incluso la menos ortodoxa,
y con una voluntad de poder y una intuición casi demoníaca que
en algunos puede convertirse en un arma al servicio de sus propios fines de
forma no siempre cristalina.
Cuando prevalecen las fuerzas agresivas e instintivas, la vida de los nacidos
bajo este signo está caracterizada por la lucha así como por una
fuerte competitividad, que puede llegar a la violencia y a la crueldad.
Por el contrario, es posible encontrar sujetos que rechazan y repriman el instinto
y la sexualidad convirtiéndose en presa de la angustia y de fuertes sentimientos
de culpabilidad. Los continuos temores pueden convertirlos en seres profundamente
infelices y atormentados.